miércoles, 11 de diciembre de 2013

"La felicidad depende de ti", por José Antonio Hernández Guerrero

Cartas con las que empezó y terminó la conferencia LA FELICIDAD DEPENDE DE TI: Conversaciones con José Antonio Hernández Guerrero, celebrada el pasado 5 de diciembre en Jerez.
>> Leer "Decálogo para la felicidad" base de la conferencia.
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¿En este territorio del dolor y del sufrimiento existe la felicidad?

Te contesto: sí.

En mi opinión, no es necesario que pidamos ayudas a teorías científicas ni a doctrinas filosófica. Mi respuesta -inmediata, ingenua e irreflexiva- sólo se apoya en la experiencia personal: en la mía, en la tuya, en la nuestra.


Traigo a la memoria algunos de esos momentos intensos en los que, extasiados, la hemos disfrutado y, también, recuerdo ese estado de ánimo permanente, ese bienestar razonable, inseguro y tenue que hemos alcanzado -eso sí- desarrollando unos esfuerzos ímprobos. Tú has podido comprobar cómo, apoyándonos en nuestras experiencias y, a pesar de los pesares, es posible mantener los equilibrios inestables de la convivencia, prolongar los días huidizos y ahondar los fugaces minutos de nuestra corta existencia.

Tú -igual que yo- has gozado de esas chispas instantáneas, conmovedoras y fascinantes, que nos habían producido una simple mirada penetrante, un gesto complaciente, una suave caricia, una sosegada meditación, un encuentro afortunado, una compañía grata, un intenso silencio, la armoniosa cadencia de una melodía musical o, simplemente, la luz matizada de cualquier atardecer;

-                                tú -igual que yo- te has deleitado con esas partículas minúsculas, densas y sabrosas, que eran capaces de sazonar todas las fibras de nuestra existencia humana;

-                                tú -igual que yo- has saboreado los aromas sutiles, excitantes y sugestivos que han transformado nuestra visión de la vida.

Pero, también, tú tienes constancia probada de la posibilidad -de la urgente necesidad- de alcanzar el nivel aceptable de una dicha durable. Para lograrlo, tú -igual que yo, limitación e historia- tienes que aceptar los estrechos límites de tus espacios, superar las arduas dificultades de tus tiempos, dominar a los feroces enemigos de tu identidad y pagar los altos costes del desánimo, de la indolencia o de la apatía: no tenemos más remedio que trabajar, luchar y sufrir.

La felicidad es una meta suprema y el bienestar es un objetivo irrenunciable que, tenaz y paradójicamente, hemos de perseguir y alcanzar mientras que, ansiosos, recorremos los caminos zigzagueantes de un mundo dislocado y mientras que, fatigados, subimos las empinadas sendas de un universo desarticulado. Ya sé que tú -igual que yo- abrigas la profunda convicción de que algunos tesoros humanos, los más valiosos, no pueden ser devaluados por el desgaste de la rutina, por el deterioro de las enfermedades ni, siquiera, por la decadencia de la senectud.

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FELICITACIONES

Tú sabes muy bien que cultivar deseos –esos sentimientos tan relacionados con la autoestima y con la esperanza- es iniciar la senda que nos lleva a su realización, manifestarlos a los demás es, además, mostrarles nuestra disposición de ayudarles a alcanzarlos. Éstas son las razones que me mueven a defender la costumbre de entrecruzarnos felicitaciones durante estas fechas tan cargadas de historia y de simbolismos. Estoy convencido de que, por muy estereotipadas que sean las frases que usemos, si salen desde lo profundo de nuestro corazón, además de infundirnos ánimo, estrechan los lazos que nos unen y nos transmiten unas saludables energías para seguir caminando.

En la celebración de las fiestas, en especial de las navideñas, del fin de año y de los cumpleaños, en vez de dejarnos arrastrar por el temor o por la tristeza ante un futuro siempre desconocido, podríamos animarnos mutuamente para palpar con detenimiento cada uno de los instantes que nos quedan por  vivir.

Yo te deseo –querida amiga, querido amigo- felicidad y felicidades. Sí; te deseo el bienestar del cuerpo y del espíritu: esa felicidad honda, sosegada y apacible que consiste en lograr un equilibrio que es el resultado de nuestra propia aceptación, del conocimiento de nuestras cualidades, de la estimación de nuestros valores y del reconocimiento de nuestras limitaciones.

Pero, además, te deseo muchas otras felicidades como, por ejemplo, la felicidad del conocimiento hondo, la felicidad de una lectura placentera, la felicidad del trabajo bien hecho, la felicidad del ocio compartido, la felicidad del diálogo respetuoso, la felicidad de la amistad sincera y, sobre todo, la felicidad  de un amor expansivo. Te deseo todas esas cosas que llenan la vida aunque no nos cuesten dinero ni ocupen demasiado tiempo.

Te deseo que sigas creciendo intelectual, artística y moralmente: que sigas aprendiendo, pensando, disfrutando y, también, siendo bondadoso. Estoy convencido de que estas felicitaciones, si son sinceras, crean una atmósfera transparente y cálida de confianza mutua y de calor humano que facilita la armonía familiar, el trabajo profesional y la convivencia social.

Es posible que, si creamos entre todos este clima de benévola y de cordial amabilidad –esa benevolencia de la que hablan los retóricos-, será más fácil encontrar las expresiones adecuadas y los gestos elocuentes para honrar y para mostrar nuestra gratitud a los familiares, amigos, compañeros y colaboradores que, durante este año, nos han soportado y ayudado.

Por todas estas razones, me permito reiterarte varias peticiones: que aguces las miradas con el fin de descubrir algo nuevo y bello en los seres que te rodean; que luches para no caer en el desencanto ni en la rutina -la gran arrasadora de la vida-, que prestes atención para ver las cosas como recién estrenadas.

Si pretendemos aprovechar el jugo de la vida, hemos de aprender a apreciarnos a nosotros mismos y a valorar la realidad que nos rodea; sin admiración, la vida es anodina y puede llegar a perder su sentido, por eso es necesario que cultivemos nuestro espíritu para penetrar en el fondo de las cosas y para descubrir sus mensajes. Te ruego –querida amiga, querido amigo- que, a pesar de los contratiempos, sigas poniendo la cara alegre y que sigas esbozando tu característica sonrisa más permanente.

Te pido, al menos, que sigas empleando tus palabras amables, un abrazo cordial y un beso cariñoso. A ti y a los demás amigos que siempre recuerdo y a los que, sabiéndolo o sin saberlo, hacen grata y fecunda mi vida, os deseo felicidad y felicidades. Vosotros sois mis mejores regalos.

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